26 Años y 200 mil millas

June 16, 2016

 

Esta pasada semana toda la familia nos fuimos en un Road Trip. El viaje fue largo, más de 12 horas, lo cual para mí es sumamente mucho ya que siendo de Puerto Rico, estoy acostumbrado a viajes de no más de 2 horas. A pesar de lo largo la pasamos muy bien ya que íbamos en familia y muy entretenidos todo el camino. Alquilamos una Minivan del 2016 que tenía todos los avances tecnológicos posibles; doble unidad de aire acondicionado, pantalla para ver DVD’s, radio con banda de satélite, conexión de Bluetooth al teléfono, etc. Quizás no te sorprendan todos estos extras, pero para nosotros sí, ya que nuestro vehículo del diario es un Toyota Corolla del 1990. En el cuál, por ejemplo para escuchar música de mi teléfono móvil debo utilizar un adaptador de los que se utilizaban antes para poder escuchar tu tocador de CD’s en el radio de Cassette del carro. Ya te puedes imaginar las conversaciones que estamos teniendo con nuestro hijo mayor, quién pregunto si no nos podíamos quedar con la minivan, ya que hemos vuelto a nuestro Toyota.

 

No escribo esto para que alguien se apiade de nosotros y nos regale un carro más moderno, de verdad que disfrutamos de nuestro auto, aunque pronto tendremos que conseguir otro para cuando llegue nuestro 3er hijo/a alrededor de noviembre. Les comparto esto porque esta para mí fue una oportunidad personal para aplicar las Escrituras en mi diario vivir y me gustaría compartirlo. En Filipenses, capítulo 4 versículo 11, Pablo nos dice que ha aprendido a contentarse cualquiera fuera su situación, sabía tener abundancia y sabía tener escasez. ¿Qué cosas Pablo tenía en perspectiva que podía decir cosas así? ¿Qué cosas recordaba que le ayudaron a “aprender a contentarse”?

 

Estas palabras que Pablo escribe no son puras ideas desconectadas de la realidad, está escribiendo desde la cárcel, en cadenas. Es desde allí que le dice a los Filipenses que él sabe contentarse cualquiera sea su situación. Palabras nada fáciles dada su situación, ¿no crees? Esto significa que, sin importar nuestra situación física nosotros podemos estar gozosos, alegres y satisfechos; el evangelio tiene tal poder. Podemos saber que Dios, que no escatimó ni aún su propio hijo, nos dará con Cristo todo lo que necesitamos (Romanos 8:32). Podemos descansar y confiar en que todas las cosas que nos ocurren obran para nuestro bien, porque nuestro Dios es bueno y es soberano (Romanos 8:28). Podemos ser libres de la codicia de lo que no tenemos y de la envidia del que si lo tiene, porque somos coherederos con Cristo y lo tenemos todo aunque no tengamos nada (2 Corintios 6:10). Podemos vivir sin el afán de querer hacer una vida por nosotros mismos, porque si Dios cuida de las aves, también cuidará de mí y Él sabe bien las cosas que nos hacen falta (Mateo 5:26).

 

Cuando estas verdades se asientan no tan sólo en nuestro conocimiento, sino en nuestro corazón, no seremos afectados por la crítica del mundo que se burla y no entiende que nuestros tesoros no están en esta vida, sino en el cielo, puesto que el mundo está crucificado para nosotros y nosotros para el mundo (Mateo 6:19-21; Gálatas 6:14). Cada día enfrentamos situaciones que nos roban la alegría, que nos hacen sentirnos incompletos o faltos de algo. Para nosotros esta semana fue experimentar un auto del año junto a todas sus comodidades y saber que en unos días regresaríamos al auto de 26 años y más de 200 mil millas. Para Pablo fue estar encarcelado por causa del evangelio. ¿Cuál situación te hace sentir incompleto o qué cosa piensas que necesitas tener para estar gozoso? Te invito a que junto a nuestra familia esta semana recordemos el Evangelio y seamos verdaderamente felices, satisfechos y completos en Jesús.

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